Nos encontramos ante uno de los mayores entramados multinacionales que además tiene una fuerte concentración y funciona como un oligopolio, por lo que su influencia política y económica es muy grande.

Se puede afirmar que la industria farmacéutica tiene un gran poder de mercado, ya sea por el modo de operación de sus empresas, el grado de multinacionalidad de éstas, la capacidad de penetración, o por el poder económico de los monopolios, donde pocas empresas relativamente enormes, pertenecientes a un grupo reducido de países, dominan la casi totalidad de la producción, investigación y comercialización de los fármacos a nivel mundial[1].

 El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas

El fenómeno de la globalización se ha convertido en un catalizador de beneficios de estas grandes multinacionales. Lo que muchos no saben es que muchas empresas compran las materias primas en países en donde pueden encontrarla más baratas (y quién sabe si de menos calidad). Se pueden incluso permitir instalar sus grandes fábricas en países en donde las condiciones laborables son más favorables, para después vender sus productos en los países de mayor nivel adquisitivo, maximizando así sus ganancias.

Estamos ante uno de los sectores económicos más poderosos e importantes que existen hoy en día a escala global, y apenas se habla de ello; parece que están “en la sombra”, pero están. Tan sólo hay que echar un vistazo a la revista Fortune[2], en donde se ha puesto de manifiesto el inmenso volumen de beneficios que acumulan estas empresas[3]. Pero lo que muy pocos saben es que este hermético mercado supera las ganancias por ventas de armas o, mismamente, de telecomunicaciones.

 Un puñado de empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial>>

Se trata de un mercado dominado por un puñado de empresas que se encuentran en los países de mayor desarrollo, llegando a controlar a una gran parte del mercado mundial ya que, no lo olvidemos, invierten miles de millones en la innovación y el desarrollo de nuevos fármacos y en productos asociados a los mismos, directa o indirectamente. Tanto es así que tan sólo unas 25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial en el sector, algo impresionante e impensable para muchos. Si queremos poner “nombres y apellidos”, podemos decir con aproximación que un reducido grupo de países (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) dominan la casi totalidad de la producción, investigación y comercialización de los fármacos del mundo.

IMPUNIDAD

A nadie se le escapa que estas empresas recurren, a veces, a estrategias comerciales que muchos las tacharían de “cuestionables”, pero tienen tal poder que suelen gozar de una gran y extendida impunidad, llegando incluso a presionar a gobiernos soberanos en la consecución de sus objetivos.

ESTRATEGIA

Es importante poner de relieve cuáles suelen ser las principales estrategias que suele utilizar la industria farmacéutica en su expansión comercial: 

1.   Realizan una gran presión propagandística de los medicamentos que fabrican, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos para la salud.

2.   Monopolizan la explotación de medicamentos en condiciones que, normalmente, suelen ser abusivas; lo que a veces puede repercutir en falta de atención hacia las necesidades objetivas de los enfermos y de sus capacidades adquisitivas.

3.   No suelen realizar grandes inversiones en la investigación de enfermedades que afectan, principalmente, a países pobres.

4.   Tienen tal poder, que a veces se realizan modificaciones legislativas con el claro objeto de favorecer los intereses de dicha industria, aunque ello sea a costa de la salud de las personas que pudieran llegar a verse afectadas[4].

Los márgenes de ganancias que generan estas industrias son realmente generosos, llegando incluso a superar, y no sin dificultades, a los bancos comerciales que hoy en día conocemos, lo que nos puede dar una idea del volumen de riqueza que generan.

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HERMETISMO

Nos encontramos ante una industria que se caracteriza por ser muy poco transparente y, en no pocas ocasiones, nos encontramos con información sesgada o parcial, lo que dificulta el acceso real a la información. Tan sólo tenemos que mirar atrás cuando surgió la alarma de la Gripa “A” (H1N1); todos recordamos que los gobiernos de diferentes países realizaron grandes compras de los medicamentos ofrecidos. Muy poco se sabe sobre la veracidad de los ensayos clínicos realizados sobre esos medicamentos así como de los efectos secundarios que acarreaban y, sin embargo, se suministró a la población de una manera masiva y generalizada.

LOS EFECTOS DE LA REDUCCIÓN DE GASTO FARMACEUTICO DE LOS GOBIERNOS

La industria farmacéutica ha tenido que enfrentarse en los últimos años a las políticas de reducción de gasto que han venido implementando los gobiernos en los presupuestos estatales (no olvidemos que en el año 2015 alcanzó entre el 25-30% de reducción del gasto sanitario), sobre todo con la promoción de los medicamentos genéricos.

Como consecuencia de lo anterior, la industria farmacéutica reaccionó poniendo en práctica diferentes medida que de todos es conocida en los medios de comunicación:

 – Transformando los riesgos para la salud en enfermedades (como puede comprobarse con la osteoporosis).

 – Fomentando la estimulación por la preocupación sobre futuras enfermedades en poblaciones sanas (como por ejemplo, el Alzheimer).

 – Convertir determinados problemas personales y sociales en trastornos de salud con necesidad de tratamiento (por ejemplo, convirtiendo la timidez en fobia social).

 – Considerar determinadas enfermedades como epidemias de extraordinaria propagación y letalidad (así se pudo comprobar con la Gripe A y, actualmente, así parece que pueda ser en el caso del famoso virus Zika).

Sin duda, las presiones que puedan llevarse a cabo por los lobbies farmacéuticos en pro de la financiación de determinados fármacos, es una práctica que podría estar sucediendo en una situación como la actual.

LA ENFERMEDAD: UN NEGOCIO

Como se desprende de algunos medios, la industria farmacéutica ha convertido la enfermedad  en un negocio. En un mundo globalizado como el de hoy, pueden “imponer” al resto de la población qué enfermedades y qué enfermos merecen cura.

Aproximadamente el 90% del presupuesto dedicado por las farmacéuticas para la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos está destinado a enfermedades que padecen un 10% de la población mundial

Si recordamos el caso de la hepatitis C que golpeó a España recientemente como consecuencia de la existencia de un fármaco eficaz contra la enfermedad, la compañía farmacéutica  Gilead ha llegado a ganar sustanciales beneficios en el tratamiento de dicha enfermedad, ya que el medicamento tenía un módico precio de unos 25.000 euros.

Sin duda, esta nueva gama de medicamentos de alto coste tendrá como consecuencia que no toda la población podrá tener acceso a ellos, encareciendo el coste de los servicios sanitarios.

¿HAY DESABASTECIMIENTO EN ESPAÑA?

En nuestro país existe un gasto farmacéutico considerablemente alto y, a la vez, con la impresión de que no se tienen todos los datos al respecto (muy poco se sabe sobre el gasto farmacéutico hospitalario actual), según los datos publicados por Health Data 2014, que sitúa el gasto en España por encima de la media de la OCDE. Desde hace unos años se ha venido recortando el gasto farmacéutico en recetas, aunque los datos son más bien imprecisos en estos momentos.

El uso de los medicamentos genéricos es, sin duda, una de las principales intervenciones en la dirección de reducir el gasto farmacéutico. El uso de estos medicamentos ha tenido un impacto muy importante con grandes diferencias en las CCAA, con la desigualdad que todo ello conlleva para el paciente que consume dichos medicamentos.

Además, no es infrecuente comprobar que la industria tienen de desatender los medicamentos que, aun siendo verdaderamente efectivos, tienen una baja rentabilidad[5], lo que pone de manifiesto que el funcionamiento de esta industria se dirige principalmente a la obtención de beneficios, con el consiguiente perjuicio que ello ocasionará en la salud de la población en general.

Cuando hablamos de los efectos secundarios de los medicamentos, no hay que olvidar que en España el número de muertes anuales por esta causa parece que triplica la de los accidentes de tráfico, de ahí que desde las Administraciones públicas se advierta sobre los peligros de la sobremedicación[6].

Por último, no hay que olvidar que los copagos sanitarios son en sí una barrera en el acceso a los medicamentos que incide directamente con el poder adquisitivo de las personas, disuadiendo a los más enfermos y, como no, a los más pobres. Como es de suponer, a la industria le interesa el establecimiento de estas medidas, ya que así se consiguen evitar que las intervenciones estatales se hagan sobre sus propios negocios.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Ante la complejidad de la situación y, teniendo en cuenta el gran poder de influencia que tiene la industria farmacéutica, se hace necesario articular una serie de políticas públicas que tengan en cuenta las necesidades reales de la población, los costes reales de la investigación y de la producción, para evitar que se impongan previos abusivos de los medicamentos.

Es necesario garantizar el abastecimientos de los medicamentos que sean realmente eficaces, sin tener en cuenta el volumen de beneficios que los mismos aporten a la industria. A ello es necesario añadir el fomento de una política de uso racional de los medicamentos en general.

Además, sería deseable que se llevara un control férreo sobre las actividades de marketing y financiación de eventos “científicos”, que pueden ser utilizadas por la industria farmacéutica para promocionar sus productos, siempre desde un punto de vista meramente mercantil.

El desarrollo de una investigación de carácter público, seria y con recursos, sería muy conveniente para promover la la reducción de costes y la facilidad de acceso a los medicamentos.

 También es necesario que se eliminen los copagos farmacéuticos establecidos por el Real Decreto-Ley 16/2012, de 20 de abril, acabando así con las barreras de carácter económico en el acceso a los medicamentos necesarios.


 

[1].  Correa MC. Industria Farmacéutica y Biotecnología. Oportunidades y desafíos para los países en desarrollo. Revista Comercio Exterior (México) 1992;42(11):1009-18.

[2].  En donde se relacionan las 500 mayores empresas del mundo.

[3].  En el año 2002, dicha revista ponía de relieve que el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas superaba los beneficios acumulados  por otra 490 empresas.

[4]. Cabe decir que la colaboración de las multinacionales farmacéuticas con la industria química,  las universidades, y su apuesta en el I+D han ayudado considerablemente al crecimiento económico y al desarrollo de la ciencia y la tecnología, por poner unos ejemplos. Lo cierto es que algunos medios afirman que su poder oligopólico puede estar poniendo en riesgo la sostenibilidad de los sistemas sanitarios públicos y el acceso a los medicamentos a gran parte de la población, lo que podría generar graves problemas de salud (Talidomida); no hay que olvidar que se han creado situaciones de alarma social para vender sus productos (Tamiflú contra la Gripe A, por ejemplo) y algunos medios afirman que han promovido la corrupción (sobornos a médicos y políticos), dañado a la salud  (de hecho se afirma que los fármacos son una de las primeras causas de muerte y enfermedad), o causado muertes con sus productos.

[5]. Se ha llegado incluso a denunciar que en España hay desabastecimiento de 170 medicamentos cuyo suministro no se asegura por parte de la industria debido a que tienen precios muy bajos, o porque existe una alternativa de eficacia similar pero a mayor precio.

[6]. Thomas S. Bodenheimer (Institute for the Study of Labor and Economie Crisis – Cuadernos Médico Sociales núm. 21 “La industria Farcéutica Internacional y la salud de la población mundial. Pág. 605:

«Se estima que 130.000 personas mueren cada año en los EE. UU. por reacciones adversas a los medicamentos (Silverman y Lee, 1974: 264). El 60 % de dichas medicaciones son enteramente innecesarias (Burack, 1970: 49). En las naciones pobres del mundo, un millon de niños mueren cada año por desnutrición e infecciones causadas por el reemplazo de la lactancia materna por formulas infantiles comerciales (Newsweek, 1981). Los medicos de todo el mundo prescriben medicamentos con nombres comerciales que cuestan a los pacientes de 3 a 30 veces mas que las drogas genericas identicas (Silverman y Lee, 1974: 334). Ciertas drogas que no ofrecen seguridad, prohibidas o limitadas en los EE. UU. son vendidas indiscriminadamente en los paises subdesarrollados (Silverman et al. 1982).»