En los últimos tiempos los medios de comunicación, y diferentes líderes políticos de diferentes formaciones, están sugiriendo, de una forma u otra, que España necesita millones de inmigrantes, como si fuera la solución, la panacea, a los problemas que actualmente tiene el país, sobre todo económicos. Es un error de proporciones catastróficas, una falacia incongruente.

En efecto, en diferentes medios de comunicación se repite la canción de que España necesita mano de obra inmigrante, y no de unos miles, no, de millones… lo que no deja de resultar sorprendente. Y lo más preocupante es que la idea se vende como la solución a los problemas que actualmente arrastra el país, sobre todo económicos. Esta delirante locura ha llegado a afirmar en algunos medios que “España necesita 10 millones de inmigrantes”… Pero ¿quién decide lo que necesita España, y por qué? Nadie lo explica… 
Se esgrimen varios motivos, casi siempre económicos, para argumentar esa supuesta necesitad, y el que más fuerza parece que está teniendo es el referente a las pensiones públicas. Se suele argumentar al respecto que es preciso aumentar las tasas de crecimiento del empleo con la contratación de inmigrantes y, con ello, mejorar y asegurar el sistema de pensiones. Se trata de un argumento falaz, sin duda. Pero ¿nadie piensa en los millones de españoles que están en situación de desempleo actualmente?. La propuesta no tiene sentido, es contradictoria y no puede sustentarse desde un punto de vista objetivo. 
Recientemente, en un programa de televisión, el líder político Albert Ribera, de la formación política de Ciudadanos, justifica de esta manera que España deba acoger a millones de inmigrantes. Escuchen atentamente, porque no tiene pérdida tan elocuente razonamiento, y no se pierdan la cara de decepción y la mirada de asombro del ciudadano al que responde:
“Esa gente tiene derechos reconocidos en nuestra Constitución. España ha firmado acuerdos internacionales para dar asilo y para dar refugio a personas que huyen de una guerra. Así que yo soy partidario de que los europeos acojamos a nuestros conciudadanos de otras partes del mundo, y creo que es lo tenemos que hacer conforme a nuestra propia Constitución…” (Albert Ribera)

Es más que evidente que existe una agenda política que pretende introducir en España (y en Europa) a una masa ingente de inmigrantes que pondría en peligro las diferentes identidades de los Estados miembros, también lo haría del propio continente europeo. 
Entonces ¿a qué obedece esa obsesión por ciertos poderes políticos de introducir en España millones de inmigrantes?. La respuesta parece que hay que encontrarla en la Unión Europea. Poco, o nada, se habla de este aspecto tan relevante, y es que las instituciones europeas están apostando fuerte para que millones de inmigrantes africanos o musulmanes sean asimilados en Europa. La Unión Europea está apoyando esta iniciativa con fondos europeos, con muchísimo dinero, y esto es grave si pensamos en las consecuencias que, a medio-corto plazo, puede tener, no solo para España en sí, sino para toda Europa, que va a tener que enfrentar una realidad que puede acabar con su propia cultura e, incluso, con su propia identidad de país. A la población europea se le está preparando, y presionando, para que acepten como algo irremediable, que la inmigración es buena… para la economía… pero ¿es buena para Europa, o solo para quienes ganan dinero en esa economía?. 
 
 
Pero la presión por adoptar estas medidas no acaba aquí. La ONU y el FMI (cuyas sedes, no olvidemos, están en territorio de Estados Unidos…) ya ha manifestado que España necesitará millones de inmigrantes si quiere mantener su fuerza de trabajo y su sistema de pensiones. Por lo tanto, parece que la agenda de inmigración dirigida a la Unión Europea tiene su vórtice en las instituciones u organizaciones no gubernamentales de carácter global. Ya sabíamos que la economía de España se dirige y audita desde instituciones extranjeras, pero no sabíamos que también quieren invadirlo de inmigrantes extranjeros para mantener el sistema económico mundial. 
 

A los ciudadanos españoles no se les explica, por ejemplo, la realidad del inmigrante al que están dando acceso en nuestros países y en nuestras culturas. Hay diferentes publicaciones que se manifiestan en el sentido de que la inmigración es un problema, más que una solución. Según estos informes, es preciso conocer la realidad de la inmigración, ya que la convivencia entre esos colectivos y los españoles resulta difícil, incluso imposible, en algunas ocasiones, lo que explicaría una evidente falta de integración de estos colectivos como consecuencia de un sistema de valores incompatibles con nuestro sistema social y europeo. 
Sin duda, el colectivo de origen árabe es quien parece que afronta una situación más compleja, pues aparece diferenciado en términos culturales, religiosos y lingüísticos. Pero, además, la representación occidental del mundo islámico se encuentra condicionada por una serie de estereotipos negativos que lo identifican como terrorismo, el fanatismo, el fundamentalismo, el machismo…, en definitiva, la amenaza islámica que se concreta en la voluntad de invadir nuevos territorios, como ocurre en el caso de España.
En el extremo opuesto se sitúan los europeos y norteamericanos que (como nosotros) son blancos, mayoritariamente cristianos, occidentales, avanzados, en suma, son la encarnación de la modernidad. De este modo, se enfrenta “modernidad” a “premodernidad”. Como afirman algunos autores, premodernidad también significa un cierto atraso o degeneración moral, con todo lo que ello conlleva. 
En cualquier caso, y como se afirma en muchas publicaciones, es preciso resaltar que la división de opiniones en torno a la inmigración es producto de intereses económicos o políticos divergentes. Parece que unos esperan incrementar el margen de beneficios y otros temen que sus intereses se vean perjudicados. Y más allá de que las expectativas de unos y otros se confirmen o se desmientan, los discursos de la inmigración se utilizarán como armas simbólicas con el fin de imponer una visión del mundo coherente con sus intereses, esto es, con la voluntad de maximizar sus posiciones de poder. Por lo tanto, es preciso remitir el discurso sobre la inmigración a los procesos y conflictos sociales reales de la situación histórica que lo engendra y lo configura. 
Lo que se debe tener presente es que esta realidad puede suponer una seria amenaza a la civilización europea, con todas sus consecuencias, tal y como ya se señaló en otro artículo de este blog, titulado <<El fenómeno de la inmigración en masa Vs. Richard Coudenhove-Kalergi: ¿Un plan preestablecido para la desaparición de la “vieja” Europa?>>. España necesita más niños si quiere sobrevivir como nación, como cultura y preservar su propio progreso e identidad; no más inmigrantes.