Ya no es una sorpresa para casi nadie que España se encuentra en una situación delicada, no solo desde el punto de vista económico y social, sino también desde el punto de vista de su cultura, sus raíces, sus valores, en definitiva, de su esencia, que no para de ser socavada y mermada, lenta pero eficazmente. Se podría decir que España camina hacia un precipicio que marcará un antes y un después. 

Desde hace ya unos años la palabra crisis se ha convertido en parte de nuestro vocabulario cotidiano, la hemos interioridad de tal manera que vivimos nuestras vidas asumiendo como algo inevitable la situación de incertidumbre a la que nuestros gobernantes (sin mencionar signo político, dicho sea de paso) nos han llevado. Parece que, con la excusa de la crisis, se han empezado a producir una serie de fenómenos y realidades que, poco a poco, soslayan cada día más el bienestar y el futuro del país y de todos sus integrantes:
  • Se ha dado pie al empleo precario y mal pagado.
  • Ha aumentado el desempleo de forma significativa, sobre todo entre los jóvenes, que son los que más necesidad tienen de trabajo.
  • Se han limitado las coberturas y protecciones sociales, que siempre han constituido un paraguas protector en los tiempos de crisis.
  • Se han degradado servicios esenciales como la sanidad y otros pilares del estado del bienestar.
  • Ha aumentado la pobreza económica entre los propios españoles. 
  • Los españoles están más endeudados que nunca. 
  • Ha aumentado la pobreza energética, sin que se haga mucho para solucionarla. 
  • Se ha producido un aumento exponencial de las desigualdades.
  • Han empezado a aparecer los casos más graves de corrupción política, sumergidos durante años, lo que aumenta significativamente el descontento social y el hartazgo hacia el modelo político actual. 
  • El Estado de las Autonomías en España, y su perverso efecto en la disentigración gradual de la Nación.
  • La ideología de género y la destrucción de la familia tradicional.
  • Las aspiraciones independentistas de algunas regiones del país, han desestabilizado la paz social.
  • Y, por si fuéramos pocos, ahora quieren traer a España millones de inmigrantes africanos y musulmanes, como si eso fuera la solución a todos nuestros problemas. 
  • Etc.

Estas y otras cuestiones se analizarán en artículos independientes, tratando de poner de relieve estas realidades, y las que vendrán, pues nos encontramos en una espiral que parece difícil de parar en la situación actual.
Se prestará especial atención a un tema que no puede pasar desapercibido en estos días, como es el tema de los inmigrantes. España ha sido y es un país enormemente generoso con los inmigrantes. Sin embargo, la actual arribada masiva y descontrolada de emigrantes a nuestro continente, nada tiene que ver con la emigración española del pasado. Nos encontramos ante un problema de proporciones considerables. Es necesario poner de relieve que la política de puertas abiertas a los refugiados, impuesta en la Unión Europea por la canciller alemana Ángela Merkel, y seguida por nuestros políticos, ha agudizado y acelerado todos los problemas que conlleva la llegada de millones de personas, de culturas muy distintas a la nuestra, en un corto plazo de tiempo. Es un problema grave, muy grave. 
Lo importante es que cada cual saque sus propias conclusiones, sea consciente de la realidad en la que nos encontramos y cómo hemos llegado hasta ella. Y, por supuesto, también es conveniente que cada cual analice el origen de cada uno de los problemas que actualmente padecemos, que son muchos. Es importante saber si el problema está en casa, o fuera de casa, o en ambos sitios a la vez.