logo-propiedad intelectual

Existe cierta problemática cuando hablamos de colores como signos distintivos, ya que en muchas ocasiones surge la duda acerca de su viabilidad jurídica o no.

COLORES COMO SIGNOS DISTINTIVOS

Para poder avanzar en ello cabría preguntarse ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “color” en estos términos? Podemos fijarnos en diferentes definiciones que se han dado sobre ello a lo largo del tiempo:

  1. Ya en en 1925 el diccionario Larousse definía la palabra ‘couleur’ como: “l´impressionque fait sur l´oeil la lumière réfléchie par les corpos”. Existen otras definiciones útiles que lo definen como “impressions produites sur l´oeil par les diversesradiations constitutives de la lumière”.
  1. En el GrootWoordenboek der Nederlandse Taal de Van Dale definen el color como: “cada uno de los componentes en los que puede descomponerse la luz blanca (sin color), así como las combinaciones entre los mismos; la característica particular de los objetos, de la luz que cae encima o pasa a través de éstos, consistente en sólo reflejar o dejar pasar rayos de luz de una determinada longitud de onda que es característica de cada sustancia”.
  2. Por otro lado, en el Webster’s New International Dictionary se proporciona una explicación sobre la palabra “color”, interpretándose como: “any of manyfold phenomena of light or of visuel sensation or perception that enables one to differentiaete objects even though the objects may appear otherwise identical (size, form, texture)”.

Por lo tanto, se podría afirmar que aquella persona que tenga la intención de solicitar el registro de un “color” querría reservarse para sí una característica de los objetos en sí, característica que es atribuible a los rayos solares con el objeto de utilizarla en relación con las clases de producto o servicios que pretenda comercializar.

No obstante lo anterior, se podría afirmar que es muy difícil definir con exactitud el significado de “color”. Sin embargo, sí es posible determinar que las personas, al ver el color, pueden asociar el reconocimiento de la sensación que produce al contemplarlo. Así pues, en relación con el registro de una marca, el color se utilizaría como parte de un signo (signo que podríamos denominar “complejo”) y, además, también podría utilizarse sin un diseño de soporte geométrico o arbitrario.

Estos datos empíricos son fundamentales para que los organismos administrativos correspondientes puedan razonar la aptitud o no de los colores como signo distintivo, y su posibilidad de tener dicho carácter en el sentido de la legislación en materia de propiedad intelectual e industrial.

UN ENFOQUE JURISPRUDENCIAL

En el Derecho español el uso del color como signo distintivo es una vieja discusión que siempre se ha pretendido abordar con éxito, aunque no sin dificultades. Pensemos, por ejemplo, al color lila de los famosos chocolates Milka; o el color naranja de “Orange”[1]. Podemos encontrar que el Tribunal Supremo ya se pronunció sobre la materia en la STS (Sala Tercera, de lo Contencioso-Administrativo) de 2 de Diciembre de 2013 (Recurso 4301/2012) en relación a la controversia suscitada entre OrangeJazztel en relación al color naranja.

Además, con posterioridad el Tribunal Supremo (Sala Primera de lo Civil) también se pronunció al respecto en su Sentencia núm 95/2014, de 11 de marzo, en relación al color azul zafiro pantone 306-C que poseían las botellas de ginebra de la marca Bombay Sapphire. En esta ocasión, el Alto Tribunal desestimó la posibilidad de que dicho color haya aportado por sí mismo la notoriedad de la marca sin estar registrado cuando afirmaba que:

<<En principio, y bajo la doctrina de la Sentencia de 6 de mayo de 2003 , C-104/01 (caso Libertel), “un color por sí solo, sin delimitación espacial, puede tener, para determinados productos y servicios, un carácter distintivo a condición, principalmente, de que pueda ser objeto una representación gráfica clara, precisa, completa en sí misma, fácilmente accesible, inteligible, duradera y objetiva. Este último requisito no puede satisfacerse mediante la simple reproducción en papel del color de que se trate, pero puede cumplirse mediante la designación de este color con un código de identificación internacionalmente reconocido>>

El Alto Tribunal establece que el requisito determinante de la notoriedad de la marca es su difusión entre el público interesado por los productos y servicios amparados por dicha marca y por los sectores interesados.

A la doctrina jurisprudencial anterior, conviene resaltar el resultado de la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (Sala Tercera), de 19 de junio de 2014 (ECLI:EU:C:2014:2012), caso “OberbankAG” y otros (Banco Santander S.A., Banco Santander Consumer Bank AG) contra “Deutscher Sparkassen und Giroverhand eV”. El Tribunal realiza un ejercicio de interpretación de los apartados 1 y 3 del artículo 3 de la Directiva[2] 2008/95/CE al señalar que su correcta interpretación se opone a una interpretación del Derecho nacional según la cual, en los procedimientos administrativos en los que se suscita la cuestión de si una marca de color sin contorno ha adquirido carácter distintivo por el uso, resulta necesario realizar el correspondiente sondeo de opinión que arroje como resultado que el grado de reconocimiento de dicha marca sea  de al menos el 70%.

Así pues, en los casos en los que un Estado miembro no haya hecho uso de la facultad que se encuentra prevista en la segunda frase de apartado 3 del artículo 3 de la Directiva 2008/1995, la primera frase de esa misma disposición deberá de interpretarse en el sentido de que, en el ámbito de un procedimiento de nulidad relativo a una marca desprovista de carácter distintivo intrínseco, será necesario para poder determinar si la mencionada marca ha adquirido carácter distintivo por el uso, examinar si dicho carácter se adquirió con anterioridad a la fecha de la presentación de la solicitud de registro de la marca correspondiente.

Por lo tanto, cuando un Estado miembro no haya hecho uso de la facultad prevista en la segunda frase del art. 3, apartado 3, de la Directiva 2008/1995, la primera frase de esa misma disposición deberá interpretarse en el sentido de que no se opone a que, en el ámbito de un procedimiento de nulidad, la marca controvertida pueda ser declarada nula cuando se encuentre desprovista de carácter distintivo intrínseco y el titular de la misma no consiga demostrar que la marca había adquirido, con anterioridad a la fecha de presentación de la solicitud de registro, un carácter distintivo por el uso que se hizo de la misma.


[1] En esta ocasión, el Tribunal Supremo rechazó las pretensiones de la compañía al considerar que la marca objeto de litigio carecía de “distintividad en sí misma”, ya que el color naranja es uno más de los usuales en el mercado. Leer mas.

[2] DIRECTIVA 2008/95/CE DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO de 22 de octubre de 2008
relativa a la aproximación de las legislaciones de los Estados miembros en materia de marcas.