Hace unos meses nos encontramos con la impactante noticia de que una compañía tecnológica de Suecia decidió iniciar la implantación de microchips subcutáneos (del tamaño de un grano de arroz)a sus trabajadores con el objeto de probar la tecnología y así deshacerse de las tarjetas de identificación de sus sistemas. Se pretendía por tanto, implementar medidas de mayor control sobre la plantilla de trabajadores, así como implementarlo para otra clase de servicios o actividades, como utilizar la fotocopiadora, abrir puertas o pagar un café; lo único que se necesita es llevar el chip en la mano y pasarlo por el scanner de lectura correspondiente.

Se trata, por tanto, de un sistema de control de humanos que se está probando en diferentes entornos y actividades, con el objetivo (no nos engañemos) de implementarlo posteriormente a escala global.

Una de las bazas a favor de la aceptación de esta tecnología se encuentra en las generaciones más jóvenes, mucho más adaptadas y abiertas a los cambios tecnológicos y digitales. Por ejemplo, se puede comprobar que en los parques de atracciones norteamericanos se están implementando todo tipo de mecanismos de control, como por ejemplo los escáneres biométricos mediante huella dactilar. Los últimos atentados ocurridos en ese país están aumentando la preocupación por la seguridad, cuestión que favorece enormemente la implementación de estas nuevas medidas de “precaución”.

Se pretende implementar esta tecnología para poder realizar un mayor control sobre los seres humanos

SISTEMA DE CONTROL DE PACIENTES SANITARIOS

Hace recientemente poco, nos encontramos con la inquietante noticia de que el Presidente de Estados Unidos, Obama, había aprobado la nueva Ley HR 3590 y la 4872. Ambos cuerpos legislativos vienen a exigir a los ciudadanos de ese país que tengan implantado bajo la piel un identificador por radiofrecuencia (denominado “RFID”)[1].

Esta tecnología ya se viene utilizando en Estados Unidos y en otros países “amigos” de diferentes formas que, a buen seguro, alguno habrá oído hablar en alguna ocasión. Así, esos microchips se vienen utilizando y experimentando mediante la implantación voluntaria en todo el mundo para localizar mascotas; y en algunos colegios de América del Sur se promovieron iniciativas por las cuales los estudiantes podían llevar un chip implantado en el uniforme para tener un mayor control de sus movimientos.

Interesa detenernos en esa ley que ha sido promocionada y apoyada por Obama en Estados Unidos, porque lo que allí ocurra será después exportado a todo el mundo, como ha ocurrido con otro tipo de hitos tecnológicos. Esa legislación establece una serie de obligaciones, y entre ellas figura que el ciudadano estadounidense ha de usar ese chip como medida de precaución (se desconoce si ocurrirá lo mismo con los foráneos que residan en aquel país, aunque es de suponer que si quieren disfrutar de los servicios de salud, tendrán que “registrarse” igualmente). Se pretende que ese chip incluya toda la información relativa a la persona que lo porta, como si fuera una base de datos personal en la que se almacenen datos personales (fecha de nacimiento, tipo de sangre, enfermedades que padece, estado civil, domicilio, cuentas bancarias…).

Podemos imaginar que lo que se pretende llevar a cabo en los sistemas de salud de Estados Unidos es sólo el comienzo de lo que acabará por globalizarse a una velocidad vertiginosa.

Con la promoción de medidas legislativas como las mencionadas, con el tiempo ocurrirá que para que un ciudadano pueda ser atendido en un hospital, deberá portar el chip debidamente implantado, a través del cuál se identificará por su número de seguridad social u otro análogo, posibilitando también el acceso inmediato al expediente médico del paciente. De esta forma, esa nación se convertiría en la primera del planeta que obligará a todos sus ciudadanos a que tengan implantado subcutáneamente un microchip de identificación por radiofrecuencia (RFID).

Para poder llevar a cabo todo ello la legislación de referencia estableció una serie de requisitos. El Gobierno crearía un Registro Nacional de Dispositivos Médicos para facilitar el análisis de los datos resultantes y la seguridad de cada dispositivo[2]. De entre los datos que se almacenarán en dichos dispositivos se incluirán todos los datos médicos relevantes, resultados de pruebas diagnósticas, y cualquier otra información que pueda ser relevante[3]

Este nuevo dispositivo de identificación subcutánea permitiría controlar con mucha más eficiencia y rapidez a las personas, su salud y sobre todo, el acceso a los sistemas de salud.

En otros países hemos podido comprobar que están impulsando esta iniciativa. Así, el Gobierno de Indonesia propuso implantar uno de estos chips en el antebrazo de todos los enfermos de sida del país, para que cualquier persona que fuera a tener relaciones sexuales con alguien pudiera pasarle un pequeño lector y saber si esa persona estaba infectada o no. Lógicamente tuvo un gran debate nacional y la medida todavía está en el aire.

En Indonesia se propuso implantar estos chips a todos los enfermos del sida

SISTEMA DE CONTROL DE TRABAJADORES

Otro de los ejemplos, aparte del citado en el encabezamiento de este artículo, se ha podido encontrar en Estados Unidos, en donde se ha podido comprobar que algunas empresas de vídeo-vigilancia en Estados Unidos han empezado a utilizar los chips para controlar el acceso de sus empleados a zonas de seguridad restringidas de la compañía.

SISTEMA DE CONTROL DE PAGOS

Un caso sorprendente, que causó cierto desconcierto, se ha podido encontrar en una discoteca catalana, que según algunos medios, celebró su séptimo aniversario con la presentación de un sistema de identificación implantado bajo la piel a través del cual se podría evitar presentar el DNI o la tarjeta de crédito a la hora de acceder al local.

Como podemos comprobar, los usos que puede darse a esta tecnología son muchos, pero al final todo deriva en un mayor control de los movimientos de los ciudadanos.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Como es de suponer, se trata de un asunto que ha generado mucha polémica entre la comunidad médica, sobre todo entre los pacientes que se pudieran ver afectados. Parece más que evidente que, para justificar el avance de estas tecnologías de control masivo, se utilizarán excusas de aceptación general: niños enfermos, la seguridad, la lucha contra la delincuencia, los ancianos, etc.

Como parece que se trata de un objetivo a corto-medio plazo, cada vez mas seremos testigos de una avalancha de avances tecnológicos que nos facilitarán la vida, ofertándolo como algo indispensable, bueno y avanzado. La información se lleva manejando en diferentes foros de forma lenta, pero sin pausa, lo que parece que se convertirá en una realidad indiscutible en breve periodo de tiempo.

Es cierto que existe al día de hoy existe un rechazo a incorporar la tecnología a nuestro cuerpo, pero si se dan las circunstancias adecuadas (una gran crisis mundial, guerras, etc.) que promuevan y favorezcan la implantación de estas tecnologías, el campo se abrirá hacia un terreno verdaderamente desconocido y nada alentador: el control del ser humano.


[1] El RFID es un sistema de almacenamiento y recuperación de datos remoto que utiliza dispositivos denominados etiquetas, tarjetas, transpondedores o tags RFID. El propósito fundamental de la tecnología que contienen estos chips es transmitir la identidad de un objeto (similar a un número de serie único) mediante ondas de radio. Las tecnologías RFID se agrupan dentro de las denominadas Auto ID (automatic identification, o identificación automática).

[2] H.R. 3200 [Cobertura de Salud], páginas 1001-1008: (g) (1) El Ministerio establecerá un registro nacional de dispositivos médicos (en esta subsección se lo menciona como “registro”) para facilitar el análisis de los datos resultantes y la seguridad de cada dispositivo que –“(A) sea o haya sido usado en un paciente; “(B) y sea –“(i) un dispositivo de clase III; o “(ii) un dispositivo de clase II que sea implantable, de soporte o sustento de vida.”

[3] La página 1004 de dicho texto legislativo describe lo que significa el término “datos” usado en el párrafo 1, sección B:‘‘(B) En este párrafo, el término “datos” se refiere a la información referente al dispositivo descrito en el párrafo 1, incluyendo datos de órdenes médicas, datos de consultas de los pacientes, archivos de análisis estandarizados que permitan la estadística y análisis de datos procedentes de diferentes entornos de datos, registros electrónicos de salud, y cualquier otra información considerada apropiada por el Ministerio”